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«¿Esto sirve para alguien de mi edad?». «¿Y para mi hija, que solo tiene 8 años?». «Mi madre tiene 70, ¿no es ya tarde para ella?». Son preguntas que escucho a menudo, y que tienen una respuesta esperanzadora: el EMDR puede ayudar a personas de casi cualquier edad, siempre que se adapte a quien tiene delante.

A lo largo de este bloque hemos visto qué es la terapia EMDR, cómo funciona, qué problemas puede tratar y qué dice la evidencia científica. En este artículo cambiamos el foco: no hablamos de qué trata el EMDR, sino de a quién puede ayudar, y de cómo cambia la terapia según la etapa de la vida y el tipo de historia de cada persona.

En resumen: el EMDR puede beneficiar a niños, adolescentes, adultos y personas mayores. En la infancia y la adolescencia el protocolo se adapta a cada edad (con juego, dibujo, historias y un lenguaje sencillo) y se trabaja de cerca con las familias. Sirve tanto para un trauma reciente como para un trauma complejo, aunque el ritmo y la preparación son muy distintos en cada caso. Y gracias a la neuroplasticidad, el cerebro puede seguir cambiando a cualquier edad.

Adultos

Es el grupo en el que más se ha investigado el EMDR y donde la evidencia es más sólida, sobre todo en el tratamiento del estrés postraumático.

Muchas personas adultas llegan a consulta con heridas que vienen de lejos: una infancia con miedo o con críticas, un acoso escolar que nunca se habló, relaciones que se repiten aunque sepan que les hacen daño. Otras llegan por algo más reciente: una ruptura, una pérdida, un accidente, una situación de violencia.

Lo que tienen en común es la sensación de que algo del pasado sigue pesando en el presente, aunque racionalmente sepan que ya pasó. Como vimos en cómo funciona la terapia EMDR, eso ocurre cuando una experiencia se quedó atascada sin procesar. Y en la edad adulta, además, solemos tener una ventaja: más capacidad para poner palabras, observar lo que sentimos y construir recursos.

Adolescentes

La adolescencia es una etapa muy especial. Es el momento en el que se construye la identidad, la autoestima y la forma de relacionarse con los demás. Por eso, lo que ocurre en estos años deja huella con facilidad, y también por eso intervenir a tiempo puede cambiar mucho el rumbo de una vida.

En adolescentes, el EMDR resulta especialmente útil en situaciones como:

  • Acoso escolar o ciberacoso.
  • Ansiedad, ataques de pánico o bloqueos ante los exámenes.
  • Problemas de autoestima e imagen corporal.
  • Rupturas, conflictos con amistades o primeras relaciones dañinas.
  • Separaciones familiares, pérdidas o situaciones de violencia en casa.
  • Experiencias de humillación o exposición en redes sociales.

El protocolo es el mismo en lo esencial, pero se adapta a sus particularidades. Cuidamos mucho el vínculo, porque muchos adolescentes llegan a terapia porque «les traen» y no siempre con ganas de hablar. Usamos un lenguaje cercano, dejamos espacio para que marquen sus propios objetivos y respetamos su intimidad. Y, a la vez, trabajamos con los padres: les explicamos el proceso, les damos pautas para acompañar en casa y, cuando hace falta, abordamos dinámicas familiares que influyen en lo que le pasa al chico o la chica.

Recuerda a Marcos, el chico de 17 años del que te hablaba en qué se siente durante una sesión de EMDR. Durante las sesiones apenas notaba nada, pero semanas después volvió a entrar en clase de educación física sin el nudo de siempre. Sus padres también notaron el cambio: estaba más tranquilo en casa y había vuelto a quedar con sus amigos. Parte del trabajo con ellos fue ayudarles a entender que su «desgana» no era pereza, sino miedo.

Niños

El EMDR también se utiliza con niños, incluso pequeños, y la ISTSS lo recomienda para niños y adolescentes con síntomas de estrés postraumático. Pero aquí la adaptación es mayor, porque un niño no procesa ni se expresa como un adulto.

Algunas de las adaptaciones más habituales son:

  • El juego, el dibujo y los cuentos como forma de acercarse a lo que pasó, en lugar de hablar directamente de ello.
  • Formas de estimulación bilateral adaptadas: toques alternos, el «abrazo de mariposa», seguir un muñeco o una marioneta con la mirada, o tamborilear en las rodillas.
  • Escalas sencillas: en lugar de puntuar del 0 al 10, por ejemplo, separar las manos para mostrar «cuánto molesta».
  • Sesiones más cortas y con más pausas, al ritmo de su atención.
  • Recursos muy concretos y visuales: un lugar seguro dibujado, un animal protector, un superpoder.

Y, sobre todo, la familia es parte de la terapia. Con los niños, el trabajo con los padres es fundamental: nos ayudan a reconstruir su historia, a entender qué le pasa y qué le dispara, y son quienes le acompañan en el día a día. A menudo participan en algunas sesiones, aprenden a ayudarle a regularse y se convierten en su principal recurso de seguridad. Porque un niño se calma, sobre todo, en brazos de un adulto que está calmado.

En los niños, el trauma a veces no se ve como en los adultos. Puede aparecer como pesadillas, rabietas intensas, regresiones (volver a hacerse pipí, hablar como un bebé), miedo a separarse de los padres, dolores de tripa sin causa médica o cambios bruscos en el colegio. Si notas algo así en tu hijo o tu hija después de una experiencia difícil, merece la pena consultarlo.

Personas con trauma reciente

Cuando algo difícil acaba de ocurrir (un accidente, una agresión, la muerte repentina de alguien querido, un susto médico), es normal sentirse desbordada durante días o semanas. Muchas de estas reacciones son la forma natural del cerebro de intentar procesar lo que ha pasado, y en muchas personas se van calmando solas con el tiempo y con apoyo.

Pero cuando el malestar no cede, o es muy intenso desde el principio, intervenir pronto puede evitar que se consolide. Existen protocolos de EMDR específicos para experiencias recientes, pensados para trabajar el acontecimiento mientras todavía está «fresco», y la investigación sobre intervención temprana con EMDR va en aumento. La guía británica NICE, por ejemplo, contempla el EMDR en adultos ya entre el primer y el tercer mes tras el trauma si la persona lo prefiere.

En estos casos, lo habitual es que el proceso sea más breve y directo, sobre todo si no hay otras heridas antiguas conectadas. Es el caso de Paula, a quien conociste en las ocho fases del protocolo EMDR: tras su accidente de coche, pudo volver a conducir en un tiempo relativamente corto.

Personas con trauma complejo

En el otro extremo están las personas cuya historia no se resume en un único acontecimiento, sino en experiencias dolorosas repetidas durante años: crecer con violencia, con negligencia emocional, con un padre o una madre que no podía cuidar, o vivir relaciones de maltrato en la edad adulta. Es lo que llamamos trauma complejo, y te lo explicaba con más detalle en Comprender el trauma.

El EMDR puede ayudar mucho en estos casos, pero el ritmo es distinto. La fase de preparación es más larga, la instalación de recursos tiene un papel central y, a veces, adaptamos el orden del trabajo: empezamos por el futuro y el presente y nos acercamos al pasado cuando la persona tiene fuerzas para ello. Te lo contaba en ¿Puede el EMDR hacer que me encuentre peor?, con el ejemplo de Lola.

Es un camino más largo, pero también uno de los que más cambios produce: en cómo te ves, en cómo te relacionas y en cómo te sientes en tu propio cuerpo. Si te reconoces aquí, puedes leer más sobre cómo trabajo el trauma complejo.

¿Y las personas mayores? Nunca es tarde

Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto apenas cambiaba. Hoy sabemos que no es así. Gracias a la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones y reorganizarse, podemos seguir aprendiendo y cambiando durante toda la vida. A otro ritmo, quizá, pero cambiando.

Esto significa que también las personas mayores pueden beneficiarse del EMDR. A veces llegan con heridas que han cargado durante décadas sin poder hablarlas: una infancia en tiempos muy duros, pérdidas que nunca se pudieron llorar, experiencias que «no se contaban». Otras veces, la jubilación, la viudedad o una enfermedad remueven recuerdos que habían estado dormidos durante años.

La investigación con personas mayores es todavía más limitada que en otras edades, pero los estudios y la experiencia clínica muestran que pueden obtenerse cambios importantes. Lo que hacemos es adaptar el ritmo y la duración de las sesiones, tener en cuenta su salud física y, sobre todo, ofrecer un espacio donde, quizá por primera vez, esa historia pueda ser escuchada.

Encarna, de 72 años, vino a consulta porque desde que enviudó no conseguía dormir. Hablando, apareció algo que nunca le había contado a nadie: la muerte de su hermano pequeño cuando ella tenía 9 años, y la culpa que había cargado desde entonces porque estaba a su cargo esa tarde. Al trabajarlo con EMDR, me dijo algo que todavía recuerdo: «Sesenta años llevaba con esto en el pecho. Y resulta que yo también era una niña».

Un mapa rápido

¿Quién? ¿Cómo se adapta el EMDR?
Niños Juego, dibujo y cuentos; sesiones más cortas; trabajo muy cercano con la familia
Adolescentes Lenguaje cercano, cuidado del vínculo y la intimidad; coordinación con los padres
Adultos Protocolo estándar, ajustado a la historia y los recursos de cada persona
Personas mayores Ritmo más pausado, atención a la salud física; la neuroplasticidad permite cambios a cualquier edad
Trauma reciente Protocolos específicos y procesos más breves
Trauma complejo Preparación más larga, recursos, y a menudo orden adaptado (futuro, presente y pasado)

Un equipo especializado para cada etapa

Cada etapa de la vida necesita una mirada distinta. No se trabaja igual con un niño de 6 años que con una adolescente de 15 o con una mujer de 45. Por eso, en el centro contamos con un equipo de profesionales especializadas, para que cada persona reciba la atención que de verdad necesita:

Psicología infantojuvenil. Nuestra psicóloga especializada en infancia acompaña a niños y niñas y a sus familias, con un enfoque adaptado a su edad, basado en el juego y en el trabajo cercano con madres y padres.

Adolescentes y adultos. Soy Carmen María, psicóloga sanitaria especializada en EMDR y en trauma psicológico. Acompaño a adolescentes y adultos con trauma y trauma complejo, apego ansioso, relaciones tóxicas, ansiedad y duelo, integrando el EMDR con el trabajo corporal y el modelo de partes (IFS). La adolescencia es una de las etapas a las que dedico especial atención, porque intervenir a tiempo puede cambiar la forma en que una persona se relaciona consigo misma durante el resto de su vida.

Trabajamos de forma coordinada, de modo que, si en una familia hay varias personas que necesitan apoyo, o si un caso requiere otra mirada, podemos derivar y colaborar entre nosotras.

Atendemos de forma presencial en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online.

Si tienes dudas sobre si el EMDR puede ayudarte a ti o a alguien de tu familia, escríbenos. Te orientaremos sobre qué profesional del equipo es la más adecuada para tu caso.

¿Quieres dar el primer paso?

Si te identificas con esto y buscas acompañamiento en tu proceso de cambio, puedes escribirme a través del formulario rápido o por WhatsApp para valorar tu caso y agendar una primera sesión.

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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