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Cuando alguien se plantea empezar terapia EMDR, una de las preocupaciones más frecuentes es esta: «¿Me vas a hacer recordar lo peor de mi vida nada más llegar?». La respuesta es no. Y en este artículo quiero explicarte por qué.

El EMDR no es una técnica que se aplica sin más, sino un protocolo ordenado en ocho fases. Cada una tiene su propósito, y todas juntas están pensadas para que el trabajo con los recuerdos difíciles se haga con seguridad, a tu ritmo y sin que te sientas desbordada o desbordado.

Si es la primera vez que lees sobre EMDR, te recomiendo empezar por ¿Qué es la terapia EMDR?, donde te cuento qué es y de dónde viene, y por ¿Cómo funciona la terapia EMDR?, donde explico por qué algunos recuerdos se quedan «atascados» y cómo ayuda el EMDR a desbloquearlos. Este artículo es la continuación práctica: qué pasa realmente en consulta.

En resumen: el protocolo EMDR tiene ocho fases. Las dos primeras (historia clínica y preparación) sirven para conocerte y darte recursos de seguridad. Las fases 3 a 6 (evaluación, desensibilización, instalación y escaneo corporal) son el trabajo directo con el recuerdo. La fase 7 (cierre) garantiza que cada sesión termine en calma, y la fase 8 (reevaluación) revisa los avances y decide los siguientes pasos.

Para que todo sea más fácil de imaginar, voy a acompañarte con una historia a lo largo del artículo. Paula tiene 26 años. Hace un año tuvo un accidente de coche: un vehículo se saltó un semáforo y la golpeó de lado. Físicamente se recuperó, pero desde entonces no ha vuelto a conducir. Se le acelera el corazón cuando va de copiloto, duerme mal y se pone en alerta cada vez que oye un frenazo. Veamos cómo sería su proceso, fase a fase.

Fase 1. Historia clínica: conocerte y trazar el mapa

La primera fase es, sencillamente, conocernos. En las primeras sesiones hablamos de lo que te trae a terapia, de cómo te afecta en tu día a día, de tu historia y de lo que te gustaría conseguir.

Pero no se trata solo de recoger información. En EMDR, esta fase sirve para trazar un mapa: identificar qué recuerdos están en la raíz de lo que te pasa hoy, qué situaciones del presente los disparan y cómo te gustaría sentirte en el futuro. También valoramos qué recursos tienes ya: personas de apoyo, cosas que te ayudan, momentos de tu vida en los que te sentiste bien.

No hace falta que cuentes todo con detalle. A veces basta con nombrar un recuerdo («lo del verano de 2015», «lo que pasó con mi padre») para saber que está ahí y que lo trabajaremos cuando sea el momento.

En el caso de Paula, además del accidente, aparecieron otras cosas: de pequeña ya era una niña muy miedosa, y el accidente había despertado una sensación antigua de que «el mundo es peligroso y no puedo controlar nada». Eso también formó parte del mapa.

Fase 2. Preparación: construir un suelo firme

Esta es, para mí, una de las fases más importantes. Antes de acercarnos a ningún recuerdo difícil, nos aseguramos de que tienes herramientas para sentirte a salvo.

En la preparación te explico cómo funciona el EMDR para que no haya sorpresas, resolvemos tus dudas y practicamos juntas la estimulación bilateral (los movimientos de ojos, o los toques alternos si te resultan más cómodos) con algo agradable, para que te familiarices con ella.

También construimos recursos de calma y regulación. Uno muy habitual es el lugar seguro o lugar de calma: un sitio, real o imaginado, donde te sientes tranquila, y que aprendes a evocar cuando lo necesitas. Trabajamos también técnicas de respiración, de anclaje al cuerpo y al presente, y acordamos una señal de stop, un gesto con el que puedes parar en cualquier momento. Tú tienes siempre el control.

Paula eligió como lugar seguro la terraza de casa de su abuela, por la tarde, con olor a jazmín. Aprendió a volver allí con la imaginación cuando notaba que el corazón se le aceleraba.

Esta fase puede durar unas pocas sesiones o bastante más, según la persona. Cuando hay trauma complejo (experiencias dolorosas repetidas, especialmente en la infancia), dedicamos a la preparación el tiempo que haga falta. No es tiempo perdido: es lo que hace posible todo lo demás.

Fase 3. Evaluación: ponerle forma al recuerdo

Cuando ya tienes un suelo firme, elegimos el recuerdo con el que vamos a trabajar y lo «enfocamos». Para eso te haré algunas preguntas sencillas:

  • ¿Qué imagen representa lo peor de ese recuerdo? Por ejemplo, un instante concreto.
  • ¿Qué pensamiento negativo tienes sobre ti cuando lo recuerdas? Algo como «estoy en peligro», «no valgo» o «es culpa mía».
  • ¿Qué te gustaría pensar de ti en lugar de eso? Lo que llamamos la creencia positiva.
  • ¿Qué emoción aparece y dónde la notas en el cuerpo?

También te pediré que puntúes dos cosas: cuánto te perturba el recuerdo ahora mismo, del 0 al 10, y cuánto te crees la frase positiva, del 1 al 7. No hace falta que sea exacto; es una forma de tener una referencia y de ver después cómo cambia.

Paula eligió la imagen del otro coche apareciendo por la ventanilla. Su pensamiento negativo era «voy a morir, no puedo hacer nada». La frase que le gustaría creer: «ya pasó, ahora estoy a salvo». Sentía miedo y una opresión fuerte en el pecho. La perturbación era un 9.

Fase 4. Desensibilización: dejar que el cerebro haga su trabajo

Aquí empieza el reprocesamiento propiamente dicho. Te pido que conectes con la imagen, el pensamiento y la sensación del cuerpo, y comenzamos con series cortas de estimulación bilateral. Entre una serie y otra, te pregunto algo tan simple como «¿qué notas ahora?», y seguimos.

Lo único que tienes que hacer es observar lo que aparece, sin juzgarlo. Puede surgir una emoción, una sensación física, otro recuerdo, una imagen que cambia, un pensamiento nuevo… o nada especial. Todo vale. No hay una forma correcta de hacerlo. Es como ir en un tren mirando por la ventanilla: el paisaje pasa y tú lo observas desde dentro del vagón, a salvo.

Mientras tanto, yo estoy contigo en todo momento, atenta a cómo estás y lista para ayudarte a regularte si lo necesitas.

Continuamos hasta que el recuerdo deja de perturbar, o queda en un nivel muy bajo. Esto puede ocurrir en una sesión o necesitar varias.

A Paula, durante la desensibilización, le vinieron recuerdos de la ambulancia, de la cara de su madre en el hospital y, para su sorpresa, de cuando de pequeña se perdió en un centro comercial. Poco a poco, la imagen del coche se fue haciendo más pequeña y lejana. Al final dijo: «Lo veo, pero es como una foto vieja». La perturbación había bajado a 0.

Fase 5. Instalación: reforzar lo nuevo

Cuando el recuerdo ya no pesa, toca fortalecer la creencia positiva. Volvemos a la frase que elegiste en la fase 3 (o a otra que encaje mejor, porque a veces cambia por el camino) y la unimos al recuerdo con nuevas series de estimulación bilateral.

El objetivo es que esa frase no sea solo algo que piensas, sino algo que sientes como verdadero. Que pase de un «me gustaría creerlo» a un «lo sé».

La frase de Paula había empezado con un 2 sobre 7. Al terminar la instalación, decía: «Es un 7. Ya pasó. Estoy aquí».

Fase 6. Escaneo corporal: escuchar al cuerpo

El trauma no se guarda solo en la memoria, también en el cuerpo. Por eso, en esta fase te pido que pienses en el recuerdo y en la frase positiva mientras recorres tu cuerpo con atención, de la cabeza a los pies, buscando cualquier tensión o malestar que quede.

Si aparece algo (un nudo, una presión, una incomodidad), lo procesamos también hasta que se disuelva. Sabemos que el trabajo con ese recuerdo está completo cuando puedes pensar en él y tu cuerpo está tranquilo.

A Paula le quedaba un poco de tensión en los hombros. Tras unas series más, se le soltaron y respiró hondo, de esa forma en la que se respira cuando algo por fin se coloca.

Fase 7. Cierre: terminar cada sesión en calma

Esta fase está presente en todas las sesiones, se haya terminado o no el trabajo con el recuerdo. Mi compromiso es que nunca salgas de la consulta desbordada.

Si un recuerdo no se ha completado en una sesión, no pasa nada: lo dejamos «guardado» con técnicas de contención y usamos los recursos de la fase 2 para que vuelvas a un estado de calma antes de irte. También te explico qué puede pasar entre sesiones, porque el cerebro suele seguir procesando: es posible que aparezcan sueños, recuerdos o emociones, o que te sientas algo más cansada. Es normal y es una buena señal. Te sugeriré que anotes lo que notes para traerlo a la siguiente sesión.

Fase 8. Reevaluación: mirar cómo vas y decidir el siguiente paso

Al comienzo de cada nueva sesión revisamos juntas cómo ha ido la semana y cómo está el recuerdo que trabajamos: ¿sigue tranquilo?, ¿ha aparecido algo nuevo?, ¿notas cambios en tu vida diaria?

Con esa información decidimos el siguiente paso. Puede ser terminar algo pendiente, pasar a otro recuerdo del mapa o trabajar las situaciones del presente que todavía generan malestar. Y también miramos al futuro: imaginamos cómo te gustaría afrontar las situaciones que antes evitabas, para que te sientas preparada.

En el caso de Paula, tras trabajar el accidente y aquel recuerdo de la infancia, nos centramos en el presente (ir de copiloto, oír frenazos) y después en el futuro: se imaginó cogiendo el coche para ir a ver a su abuela. Unas semanas más tarde, condujo hasta allí. Despacio, con algo de nervio, pero tranquila.

Una aclaración importante: las fases no son una por sesión

Quizá te preguntes cuántas sesiones hacen falta para todo esto. No hay una respuesta única. Las fases 1 y 2 pueden llevar unas pocas sesiones o varios meses, según tu historia. Las fases 3 a 6 suelen trabajarse juntas, a menudo en la misma sesión, y se repiten con cada recuerdo del mapa. Las fases 7 y 8 están presentes en todo el proceso.

Un trauma único y reciente, como el de Paula, suele necesitar menos tiempo que un trauma complejo de muchos años. Lo importante no es correr, sino que cada paso sea seguro. Si quieres entender mejor esa diferencia, te recomiendo releer Comprender el trauma.

Sobre mí y cómo puedo acompañarte

Soy Carmen María, psicóloga sanitaria especializada en EMDR y en trauma psicológico. El EMDR es el eje de mi trabajo clínico, hasta el punto de dar nombre a mi consulta, y lo integro con otros enfoques como el trabajo corporal y el modelo de partes (IFS), porque cada persona necesita un camino propio.

Acompaño a adolescentes y adultos en situaciones como:

  • Trauma y trauma complejo: experiencias del pasado que siguen pesando en tu presente.
  • Apego ansioso y relaciones tóxicas: miedo al abandono, dependencia emocional, patrones que se repiten en pareja.
  • Ansiedad: cuando el cuerpo vive en alerta y no sabes por qué.
  • Duelo: pérdidas que no has podido elaborar.
  • Autoestima en la adolescencia: una etapa en la que intervenir a tiempo puede cambiar mucho la forma de relacionarse con uno mismo y con los demás.

En todos los casos cuido especialmente el ritmo: no trabajamos ningún recuerdo hasta que tienes los recursos para sostenerlo.

Atiendo de forma presencial en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online, con la misma cercanía y el mismo cuidado.

Si después de leer este artículo sientes que el EMDR puede ayudarte, escríbeme y pide tu primera cita. Empezaremos por la fase 1: conocernos, sin prisas y sin presión.

¿Quieres dar el primer paso?

Si te identificas con esto y buscas acompañamiento en tu proceso de cambio, puedes escribirme a través del formulario rápido o por WhatsApp para valorar tu caso y agendar una primera sesión.

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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