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Quizá has llegado hasta aquí porque alguien te ha hablado del EMDR. O porque lo has leído en algún sitio y te ha parecido algo extraño: ¿una terapia con movimientos de ojos? Es una reacción muy habitual. Cuando lo explico por primera vez en consulta, muchas personas me miran con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Y me parece bien, porque las preguntas son el mejor punto de partida.

En este artículo, el primero de un bloque dedicado entero al EMDR, quiero contarte de forma sencilla qué es esta terapia, de dónde viene y por qué hoy es una de las herramientas con más respaldo científico para trabajar el trauma.

En resumen: EMDR es una psicoterapia que ayuda al cerebro a procesar recuerdos difíciles que se quedaron «atascados», de forma que dejen de doler como si estuvieran pasando ahora. Utiliza la estimulación bilateral (movimientos oculares, toques alternos o sonidos) dentro de un protocolo estructurado en ocho fases. La Organización Mundial de la Salud y las principales guías clínicas internacionales la recomiendan para el tratamiento del trauma.

Una definición sencilla

EMDR es una forma de psicoterapia que ayuda a procesar experiencias que nos marcaron y que, de algún modo, no terminaron de digerirse.

Seguramente has vivido esto alguna vez: recuerdas algo que pasó hace años y, de repente, el cuerpo reacciona como si estuviera ocurriendo ahora. Se te encoge el estómago, se acelera el corazón, aparece la vergüenza o el miedo con la misma intensidad que entonces. Tu cabeza sabe que eso ya pasó, pero tu cuerpo no parece haberse enterado.

Eso es lo que ocurre cuando un recuerdo queda almacenado de forma «no procesada». En lugar de archivarse como parte de tu historia (algo que pasó, que dolió, pero que ya forma parte del pasado), se queda guardado con las imágenes, las emociones, las sensaciones físicas y las creencias del momento en que ocurrió. Como una herida que se cerró en falso.

Te pongo un ejemplo. Lucía tiene 34 años y cada vez que su jefa le pide que pase por su despacho siente pánico. Sabe que no tiene sentido: su jefa es amable y su trabajo es bueno. Pero en terapia descubrimos que esa sensación es la misma que tenía de niña cuando su padre la llamaba para revisar las notas, momentos en los que solía acabar humillada. El recuerdo antiguo sigue «activo» y se dispara ante situaciones que se le parecen.

El EMDR trabaja precisamente ahí: ayuda a que ese recuerdo se procese y se integre, de manera que pueda recordarse sin que arrase. No borra lo que pasó, ni hace que lo olvides. Lo que cambia es la carga que lleva consigo. Muchas personas lo describen así al terminar: «Lo recuerdo, pero ya no me duele igual. Es como si estuviera más lejos».

Si quieres entender mejor por qué algunas experiencias se quedan atascadas de esta forma, te recomiendo leer antes Comprender el trauma, donde explico qué es el trauma y por qué no hace falta haber vivido una catástrofe para que algo nos deje huella.

Qué significan las siglas EMDR

EMDR son las siglas en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, que en español se traduce como Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares.

Vamos por partes, porque cada palabra cuenta algo:

  • Movimientos oculares (Eye Movement): hacen referencia a la estimulación bilateral, uno de los elementos característicos de la terapia. Mientras la persona conecta con un recuerdo, sigue con la mirada un estímulo que se mueve de lado a lado. Hoy en día no se usan solo movimientos de ojos: también pueden ser toques suaves alternos en las manos o las rodillas, o sonidos que van de un oído a otro.
  • Desensibilización (Desensitization): es la reducción de la perturbación emocional asociada al recuerdo. Lo que antes provocaba angustia intensa va perdiendo fuerza.
  • Reprocesamiento (Reprocessing): es, en realidad, lo más importante. No se trata solo de que el recuerdo duela menos, sino de que el cerebro lo reorganice y lo conecte con información más adaptativa. Por ejemplo, que la creencia «soy inútil» pueda transformarse, desde dentro y no por imposición, en «hice lo que pude con lo que tenía».

Curiosamente, el nombre se quedó algo pequeño con el tiempo. Hoy sabemos que los movimientos oculares son solo una parte de un enfoque terapéutico mucho más amplio, pero las siglas ya se habían hecho conocidas en todo el mundo y se mantuvieron.

Breve historia: de un paseo por el parque a una terapia reconocida internacionalmente

La historia del EMDR empieza de una forma bastante sencilla. En 1987, la psicóloga estadounidense Francine Shapiro paseaba por un parque mientras pensaba en asuntos que le preocupaban. De pronto se dio cuenta de que esos pensamientos habían perdido intensidad. Al prestar atención, observó que sus ojos se habían estado moviendo rápidamente de un lado a otro mientras pensaba.

En lugar de quedarse con la anécdota, decidió investigarlo. Empezó a probarlo con otras personas y, en 1989, publicó su primer estudio controlado con personas que sufrían las secuelas de experiencias traumáticas. En aquel momento lo llamó EMD (Eye Movement Desensitization).

Con el tiempo, Shapiro comprobó que lo que ocurría iba más allá de reducir la ansiedad: las personas no solo se sentían menos perturbadas, sino que cambiaban su forma de entender lo que les había pasado y de verse a sí mismas. Por eso, a principios de los años noventa, añadió la «R» de Reprocesamiento, y la terapia pasó a llamarse EMDR.

A partir de ahí, el método se fue desarrollando hasta convertirse en lo que es hoy:

  • Un modelo teórico, llamado Procesamiento Adaptativo de la Información, que explica cómo el cerebro almacena las experiencias y por qué algunas se quedan sin procesar.
  • Un protocolo estructurado en ocho fases, que va mucho más allá de la estimulación bilateral: incluye conocer tu historia, preparar recursos de estabilización y seguridad, trabajar los recuerdos y consolidar los cambios.
  • Una comunidad internacional de profesionales formados y asociaciones que velan por la calidad de la formación, como la Asociación EMDR España en nuestro país.

Francine Shapiro falleció en 2019, pero su legado sigue creciendo. Hoy el EMDR se practica en todo el mundo y se ha adaptado para trabajar con niños, adolescentes, adultos y también en intervenciones tras catástrofes y emergencias.

Por qué hoy es una de las terapias más investigadas para el trauma

Cuando algo suena tan diferente como el EMDR, es lógico preguntarse si funciona de verdad o si es una moda. Es una pregunta legítima y me alegra que te la hagas, porque mereces una terapia que tenga respaldo.

En sus primeros años, el EMDR fue recibido con bastante escepticismo por parte de la comunidad científica. Y eso, paradójicamente, fue bueno: obligó a investigarlo una y otra vez. Hoy cuenta con décadas de estudios, ensayos clínicos controlados y revisiones que han analizado su eficacia.

El resultado es que el EMDR está recomendado por algunas de las instituciones de referencia en salud mental:

  • La Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 2013 lo incluyó, junto con la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, entre los tratamientos recomendados para el estrés postraumático en niños, adolescentes y adultos.
  • La guía del NICE británico (Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención), que lo recomienda para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático.
  • La Sociedad Internacional para el Estudio del Estrés Traumático (ISTSS) y otras guías clínicas internacionales, que también lo incluyen entre sus tratamientos recomendados.

Además, la investigación se ha ido ampliando más allá del estrés postraumático «clásico». Hoy se estudia y se aplica en ansiedad, duelo complicado, fobias, dolor crónico y, con las adaptaciones necesarias, en trauma complejo y problemas de apego.

Ahora bien, quiero ser honesta contigo: que una terapia tenga mucha evidencia no significa que sea mágica ni que funcione igual para todo el mundo. El EMDR no es una técnica que se aplica sin más. Funciona dentro de una relación terapéutica segura, con una buena preparación y al ritmo de cada persona. Especialmente cuando hay trauma complejo (experiencias dolorosas repetidas, sobre todo en la infancia), la fase de estabilización es fundamental y puede llevar su tiempo. Ir despacio, en estos casos, es la forma más rápida de avanzar.

¿Para qué tipo de situaciones puede ayudar?

Mucha gente piensa que el EMDR es solo para quien ha vivido un accidente grave, una agresión o una catástrofe. Y sí, es muy eficaz en esos casos. Pero también ayuda con heridas más silenciosas, como:

  • Haber crecido sintiendo que tenías que ser perfecta para merecer cariño.
  • Un acoso escolar que todavía resuena cuando entras en un grupo nuevo.
  • Una ruptura o una relación tóxica que te dejó con la sensación de no valer nada.
  • Una pérdida que no has podido llorar.
  • Una ansiedad que no sabes de dónde viene, pero que parece tener raíces antiguas.

Piensa en Marcos, un chico de 16 años que dejó de ir a clase de educación física después de que unos compañeros grabaran y compartieran un vídeo suyo. Racionalmente sabe que aquello pasó hace dos años, pero cada vez que alguien saca el móvil cerca de él, se paraliza. Con EMDR, trabajamos ese recuerdo y lo que dejó grabado («soy ridículo», «no estoy a salvo») hasta que pudo volver a sentirse tranquilo en su propio cuerpo.

Si alguno de estos ejemplos te resuena, quizá te interese leer también sobre trauma complejo, ansiedad o autoestima en la adolescencia, temas en los que el EMDR suele formar parte del tratamiento.

En los próximos artículos de este bloque te contaré cómo es una sesión de EMDR por dentro, qué se siente durante el proceso y cuáles son sus ocho fases, para que llegues a terapia sabiendo qué esperar.

Por qué elegir EMDR (y por qué conmigo)

Elegir terapia es una decisión importante, y elegir terapeuta, todavía más. El EMDR te ofrece algo que muchas personas llevan años buscando: no solo entender lo que te pasa, sino sentir el cambio. Muchas personas que llegan a consulta ya han hecho terapia antes, ya saben de dónde viene su malestar, pero dicen: «Lo entiendo todo y sigo sintiéndome igual». El EMDR trabaja justo en ese espacio entre lo que sabes y lo que sientes.

Soy Carmen María, psicóloga sanitaria y terapeuta EMDR, y mi trabajo se centra en el trauma: trauma complejo, apego ansioso, patrones de relaciones tóxicas y duelo. Tengo una especial dedicación a los adolescentes, una etapa en la que intervenir a tiempo puede cambiar mucho la forma en que una persona se relaciona consigo misma y con los demás.

En mi forma de trabajar, el EMDR no va solo. Lo integro con otros enfoques, como el trabajo corporal y somático o el modelo de partes (IFS), porque cada persona es distinta y la terapia tiene que adaptarse a ti, no al revés. Y, sobre todo, cuido mucho el ritmo: no vamos a abrir ninguna herida sin antes asegurarnos de que tienes los recursos para sostenerla.

Si sientes que hay algo del pasado que sigue pesando en tu presente, me encantará acompañarte. Atiendo en mi consulta en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online.

Pide tu primera cita y hablamos de qué necesitas. Dar el primer paso no te compromete a nada; solo abre una puerta.

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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