Cuando algo es novedoso o suena diferente, es fácil que circulen ideas equivocadas sobre ello. Con el EMDR pasa mucho. En consulta escucho a menudo frases como «me da miedo que me borre cosas», «¿esto no es como una hipnosis?» o «me han dicho que en tres sesiones se arregla todo».
Ninguna de estas ideas es del todo cierta, y algunas pueden hacer que una persona no se anime a probar una terapia que podría ayudarla mucho, o que llegue con expectativas que luego la frustren.
En este artículo repasamos los mitos más frecuentes sobre el EMDR y te explico, con calma, por qué no son verdad. Si todavía no conoces bien la terapia, te recomiendo empezar por qué es la terapia EMDR y cómo funciona.
En resumen: el EMDR no borra recuerdos, no es hipnosis, no consiste solo en mover los ojos y no funciona igual ni a la misma velocidad para todo el mundo. Tiene evidencia sólida en el trauma y se utiliza también en otros problemas. No hace falta contar todo con detalle, se adapta a adolescentes y puede hacerse online. Y, bien aplicado, es una terapia segura, que respeta el ritmo de cada persona.
Mito 1: «El EMDR borra los recuerdos»
Es probablemente el mito más extendido, y el que más miedo genera. Algunas personas temen perder recuerdos importantes; otras, en cambio, llegan con la esperanza de olvidar lo que les pasó.
El EMDR no borra nada. Lo que pasó sigue formando parte de tu historia, y lo vas a seguir recordando. Lo que cambia es cómo lo recuerdas.
Como te explicaba en cómo funciona la terapia EMDR, un recuerdo traumático se queda guardado «en crudo», con toda la emoción, las sensaciones y las creencias del momento. Por eso, al recordarlo, se siente como si estuviera pasando ahora. El EMDR ayuda a que ese recuerdo se procese y se archive como lo que es: algo que ocurrió en el pasado.
Una imagen que me gusta usar es la de una herida y una cicatriz. La herida duele cada vez que la rozas. La cicatriz sigue ahí, cuenta una historia, pero ya no duele. El EMDR no hace desaparecer la marca, pero ayuda a que la herida cicatrice.
Las personas suelen describirlo así al final del proceso: «Me acuerdo de todo, pero lo veo como algo lejano. Ya no me arrastra». Y, de hecho, muchas veces recordamos mejor, con más perspectiva y más comprensión hacia nosotras mismas.
Mito 2: «Solo sirve para el estrés postraumático»
Es verdad que el EMDR nació para tratar el trauma y que es en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) donde tiene más evidencia: está recomendado por la Organización Mundial de la Salud y por las principales guías clínicas internacionales.
Pero no es lo único para lo que sirve. Muchos problemas que no se llaman «trauma» tienen en su origen experiencias que se quedaron sin procesar: una ansiedad que empezó tras una etapa difícil, una autoestima construida a base de críticas, un duelo que no se pudo vivir, una fobia que nació de un susto concreto, un patrón de relaciones que se repite.
En el artículo ¿Qué problemas puede tratar el EMDR? te explico con detalle en qué casos la evidencia es sólida, en cuáles está creciendo y en cuáles se usa como parte de un tratamiento más amplio. Quiero ser honesta: el EMDR no es para todo. Pero su campo de aplicación es mucho más amplio de lo que se suele pensar.
Mito 3: «Es hipnosis»
Entiendo de dónde viene este mito: seguir un movimiento con los ojos puede recordar a la imagen típica del péndulo de las películas. Pero el EMDR no tiene nada que ver con la hipnosis.
Durante una sesión de EMDR:
- Estás despierta y consciente en todo momento.
- Oyes todo lo que ocurre a tu alrededor y puedes hablar cuando quieras.
- Recuerdas la sesión perfectamente al terminar.
- Tienes el control: puedes parar cuando lo necesites con una simple señal.
- Nadie te sugiere nada: no te digo qué tienes que sentir, recordar o pensar. El trabajo lo hace tu propio cerebro.
De hecho, el EMDR funciona justamente gracias a que mantienes un pie en el presente mientras conectas con el recuerdo. Lo que llamamos atención dual: una parte de ti está en el recuerdo y otra está aquí, en la consulta, a salvo. Es lo contrario de un trance. Te lo cuento con más detalle en qué se siente durante una sesión de EMDR.
Mito 4: «Solo consiste en mover los ojos»
El nombre no ayuda, la verdad. Con unas siglas que hablan de «movimientos oculares», es lógico pensar que eso es todo. Pero la estimulación bilateral es solo una pieza de un tratamiento mucho más amplio.
El EMDR es una psicoterapia completa, organizada en ocho fases. Incluye conocer tu historia, construir una relación de confianza, prepararte con recursos de calma y seguridad, elegir con cuidado los recuerdos con los que trabajar, cerrar cada sesión en un estado tranquilo y revisar los avances. Los movimientos oculares (o los toques o sonidos alternos, que también se usan) solo aparecen en algunos momentos concretos.
Sobre el papel exacto de los movimientos oculares, la investigación sigue abierta. Algunos estudios sugieren que aportan un efecto propio, por ejemplo haciendo que el recuerdo se vuelva menos vívido e intenso. Pero lo que sí está claro es que no funcionan solos: sin la preparación, el vínculo terapéutico y el resto del protocolo, no hay terapia EMDR.
Por eso desconfía de vídeos o aplicaciones que prometen «hacer EMDR» por tu cuenta siguiendo un punto en la pantalla. Trabajar recuerdos difíciles sin preparación ni acompañamiento puede ser, como poco, inútil, y a veces desbordante.
Mito 5: «Es una terapia rápida que funciona igual para todo el mundo»
El EMDR tiene fama de ser una terapia eficiente, y en parte es merecida: en traumas únicos y recientes, a veces se consiguen cambios importantes en relativamente pocas sesiones. Pero de ahí a pensar que es «rápida para todos» hay un buen trecho.
Cada proceso es distinto. No es lo mismo un accidente de tráfico ocurrido hace un año que una infancia marcada por el miedo, la crítica o el abandono. En el trauma complejo, la fase de preparación es más larga y el trabajo se hace con más cuidado, porque hay muchos recuerdos entrelazados y, a menudo, partes de la persona que han aprendido a protegerse y necesitan sentirse seguras antes de soltar.
También influye el momento vital, los apoyos que tengas, si estás en una situación estable o si hay otros problemas en juego. Y hay personas que notan los cambios enseguida y otras que los notan más tarde, sobre todo fuera de la consulta.
Por eso desconfía de las promesas del tipo «resuelve tu trauma en tres sesiones». Lo que sí puedo prometerte es que iremos al ritmo que tú necesites, y que revisaremos juntas cómo avanzas. Ir despacio, cuando hace falta, es la forma más segura de llegar.
Otros mitos frecuentes
Además de los anteriores, hay otras ideas que escucho a menudo en consulta y que también merecen una aclaración.
«Tengo que contar todo lo que me pasó con detalle»
No. Esta es una de las ventajas del EMDR que más agradecen las personas que llegan con historias difíciles. El procesamiento ocurre dentro de ti, no en la conversación. A veces basta con nombrar un recuerdo o con una frase para trabajarlo. Compartes lo que quieras y cuando quieras.
«Solo sirve para traumas graves»
Muchas personas piensan: «Yo no he vivido nada tan grave, no me merezco esta terapia». Pero el trauma no se mide por lo «grande» que fue lo que pasó, sino por la huella que dejó. Una humillación en el colegio, una frase repetida en casa, sentirte sola en un momento difícil… pueden dejar marcas tan profundas como un acontecimiento dramático. Lo explico con más detalle en Comprender el trauma.
«Es peligroso: me va a hacer revivir lo peor»
Es comprensible tener miedo de abrir algo que ha costado tanto cerrar. Pero el EMDR, bien aplicado, es una terapia segura. No se trabaja ningún recuerdo difícil hasta que tienes recursos para sostenerlo, tú controlas el ritmo, y cada sesión termina siempre en calma. Durante el reprocesamiento pueden aparecer emociones intensas, sí, pero se viven desde la seguridad del presente y acompañada, no como una repetición de lo que pasó. Por eso es tan importante que lo haga una profesional formada.
«No funciona online»
Sí funciona. En las sesiones por videollamada se puede seguir un estímulo en la pantalla o usar los toques alternos, por ejemplo con el «abrazo de mariposa», en el que tú misma te das golpecitos alternos con los brazos cruzados sobre el pecho. Te lo explico en cómo es una sesión de EMDR.
«No es para adolescentes»
El EMDR se adapta muy bien a la infancia y la adolescencia, con un lenguaje, unos recursos y un ritmo ajustados a cada edad. De hecho, intervenir en la adolescencia, cuando la imagen de uno mismo todavía se está construyendo, puede evitar que muchas heridas se arrastren a la vida adulta.
«Si no siento nada durante la sesión, es que no funciona»
Cada persona procesa de forma distinta. Hay quien llora y nota muchas sensaciones, y hay quien apenas nota nada en la consulta y luego descubre los cambios en su día a día. Las dos formas son válidas. Lo cuento con ejemplos en qué se siente durante una sesión de EMDR.
Lo que sí es el EMDR
Si quitamos los mitos, queda algo bastante sencillo de entender: el EMDR es una psicoterapia estructurada y respaldada por la investigación, que ayuda a tu cerebro a procesar experiencias que se quedaron atascadas, para que puedas recordarlas sin que sigan doliendo como el primer día. Se hace con cuidado, a tu ritmo y acompañada por una profesional formada.
No es magia, ni hipnosis, ni un atajo. Pero, para muchas personas, es la forma de dejar por fin el pasado donde corresponde: en el pasado.
¿Tienes alguna duda más?
Si después de leer este artículo te sigue quedando alguna pregunta, o algún miedo, me encantará resolverlo. Es normal tener dudas antes de empezar, y hablarlas forma parte del proceso.
Soy Carmen María, psicóloga sanitaria especializada en EMDR y en trauma psicológico. Acompaño a adolescentes y adultos con trauma y trauma complejo, apego ansioso, relaciones tóxicas, ansiedad y duelo, integrando el EMDR con el trabajo corporal y el modelo de partes (IFS).
Atiendo de forma presencial en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online.
Escríbeme y cuéntame qué te preocupa. Juntas veremos si el EMDR es lo que necesitas, sin compromiso y sin prisas.
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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456