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Empezar terapia ya da algo de respeto. Empezar una terapia de la que solo sabes que «tiene algo que ver con mover los ojos» puede dar todavía más. Es normal llegar a la primera sesión con preguntas como: ¿qué me va a pedir?, ¿voy a perder el control?, ¿lo voy a pasar mal?, ¿es como una hipnosis?

En este artículo quiero responderlas contándote cómo es estar ahí: qué ocurre en la consulta, qué vas a hacer tú, qué voy a hacer yo y qué es habitual sentir durante y después.

En el artículo anterior sobre las ocho fases del protocolo EMDR te expliqué cómo está organizado el tratamiento de principio a fin. Este es su complemento: si aquel era el mapa, este es el paseo. Si todavía no lo has hecho, también te puede ayudar leer qué es la terapia EMDR y cómo funciona.

En resumen: una sesión de EMDR es una sesión de terapia en la que hablamos, pero también en la que, en algunos momentos, trabajamos un recuerdo mientras sigues con la mirada un movimiento o notas unos toques alternos. Estás despierta, consciente y con el control en todo momento. Las primeras sesiones sirven para conocerte y prepararte; el reprocesamiento llega después, y cada sesión termina siempre en calma.

La primera evaluación: conocernos

La primera sesión se parece mucho a cualquier primera sesión de terapia. Nos sentamos, hablamos y nos conocemos. Te preguntaré qué te trae, desde cuándo te pasa, cómo te afecta en tu vida y qué te gustaría que cambiara.

No vas a hacer EMDR «de golpe» en la primera cita. Ni en la segunda. Las primeras sesiones sirven para que yo entienda tu historia y para que tú veas si te sientes cómoda conmigo, que es algo tan importante como cualquier técnica. Una buena relación terapéutica es la base de todo lo demás.

Tampoco tienes que contarlo todo. Si hay algo de lo que todavía no puedes hablar, basta con que me digas que existe. Lo respetaremos y lo trabajaremos cuando estés preparada.

Al final de esta etapa te devolveré lo que he entendido, te explicaré cómo creo que te puede ayudar el EMDR y decidiremos juntas cómo seguir.

Preparación y recursos: aprender a volver a la calma

Antes de acercarnos a ningún recuerdo difícil, dedicamos unas sesiones a algo muy importante: que tengas herramientas para regularte cuando algo se remueva.

Es una parte muy práctica. Aprendemos ejercicios de respiración y de anclaje al presente, construimos tu lugar de calma (un sitio, real o imaginado, donde te sientes en paz) y practicamos cómo volver a él cuando lo necesites. Muchas personas me dicen que solo con esta fase ya notan cambios, porque por primera vez tienen algo que hacer cuando la ansiedad aparece.

También es el momento de probar la estimulación bilateral con algo agradable, para que sepas cómo es antes de usarla con algo difícil. Y acordamos una señal de stop: un gesto sencillo, como levantar la mano, con el que puedes parar en cualquier momento. No tienes que justificarlo. Si la usas, paramos.

Si tu historia incluye experiencias dolorosas que se repitieron durante años, como en el trauma complejo, esta etapa será más larga. Te lo cuento con más detalle en qué problemas puede tratar el EMDR.

Identificación de recuerdos diana: elegir por dónde empezar

En EMDR llamamos recuerdos diana a los recuerdos concretos con los que vamos a trabajar. Suelen ser de tres tipos:

  • Del pasado: las experiencias que están en la raíz de lo que te pasa. Por ejemplo, el primer ataque de pánico, una humillación en el colegio o el momento en que te enteraste de una pérdida.
  • Del presente: las situaciones que hoy disparan el malestar, como una discusión de pareja, entrar en un grupo o coger el coche.
  • Del futuro: cómo te gustaría afrontar esas situaciones a partir de ahora.

Elegirlos es un trabajo de equipo. A veces empezamos por el recuerdo más antiguo, otras por el que más pesa ahora y otras por uno más pequeño para que te familiarices con el proceso. Lo decidimos juntas, siempre pensando en tu seguridad.

Cuando ya está elegido, te ayudaré a «enfocarlo» con unas preguntas sencillas: qué imagen representa lo peor de ese momento, qué piensas de ti cuando lo recuerdas, qué te gustaría pensar en su lugar, qué emoción aparece y dónde la notas en el cuerpo. Es como sintonizar una emisora antes de empezar a escucharla.

Por ejemplo, Nuria, de 41 años, llegó a consulta porque cada vez que su pareja tardaba en contestar un mensaje entraba en pánico. Como recuerdo diana elegimos una escena de cuando tenía 7 años: su madre se marchó tras una discusión y ella pasó la tarde mirando por la ventana sin saber si volvería. La imagen era ella con la frente pegada al cristal. La creencia: «me van a dejar». Lo que le gustaría creer: «puedo estar bien aunque alguien se aleje». La emoción era angustia, y la notaba como un vacío en el estómago.

La estimulación bilateral: qué es y cómo se siente

La estimulación bilateral es la parte más característica del EMDR y la que más curiosidad despierta. Consiste en estimular de forma alterna el lado izquierdo y el derecho del cuerpo, y puede hacerse de varias maneras:

  • Movimientos oculares: sigues con la mirada mis dedos, o una luz, que se mueven de un lado a otro, sin mover la cabeza.
  • Toques alternos: notas suaves golpecitos alternos en tus manos o rodillas, o te los das tú.
  • Sonidos: escuchas con auriculares un sonido que pasa de un oído al otro.

Elegimos la forma con la que te sientas más cómoda. Se hace en series cortas, normalmente de unos segundos, con pausas entre una y otra.

Es importante que sepas lo que no es. No es hipnosis: estás despierta y consciente, oyes todo lo que pasa en la sala y recuerdas la sesión perfectamente. No pierdes el control: puedes parar cuando quieras. Y no es algo que «te hagan»: el trabajo lo hace tu propio cerebro, yo solo te acompaño y le doy las condiciones para hacerlo.

¿Y si la terapia es online? También funciona. En las sesiones por videollamada puedes seguir con la mirada un estímulo en la pantalla o hacer tú misma los toques alternos, por ejemplo con el «abrazo de mariposa», cruzando los brazos sobre el pecho y dando golpecitos alternos con las manos. Es una forma sencilla y eficaz de hacer EMDR desde casa.

El reprocesamiento: dejar que las cosas se muevan

Esta es la parte central de la sesión. Te pido que conectes con el recuerdo diana (la imagen, la frase, la emoción, la sensación del cuerpo) y empezamos una serie de estimulación bilateral. Al terminarla, te pido que respires y te pregunto algo tan simple como «¿qué notas ahora?». Me cuentas en pocas palabras lo que aparece y seguimos.

No tienes que hacer nada especial. No hay que esforzarse, ni analizar, ni hacerlo bien. Solo observar lo que surja, como quien mira el paisaje desde la ventanilla de un tren. Puede aparecer una emoción, una sensación física, otro recuerdo, una imagen que cambia, un pensamiento nuevo, o simplemente nada. Todo forma parte del proceso.

A veces las emociones se intensifican durante un rato antes de empezar a bajar. Es normal, y no estás sola: estoy atenta a ti en todo momento, y si veo que te alejas demasiado de la ventana de lo que puedes sostener, te ayudo a volver.

Poco a poco, la mayoría de las personas notan que el recuerdo cambia: se hace más lejano, más borroso, menos cargado. A veces llegan comprensiones nuevas de forma espontánea, de esas que se sienten por dentro y no solo se piensan.

En la sesión de Nuria aparecieron otros recuerdos: noches esperando a que su madre volviera del trabajo, la primera ruptura con un novio. Lloró. Y, en un momento, dijo algo que no habíamos hablado antes: «Esa niña no estaba haciendo nada malo. Solo tenía miedo». La imagen de la ventana se fue haciendo más pequeña. Cuando el recuerdo ya no le perturbaba, reforzamos su frase nueva y repasamos el cuerpo para comprobar que el vacío del estómago se había ido.

Puede que un recuerdo se complete en una sesión o que necesite varias. Ambas cosas son normales.

El cierre: salir de la consulta en calma

Pase lo que pase en la sesión, siempre la terminamos con calma. Esa es una norma que no me salto.

Si el recuerdo no se ha completado, no pasa nada: lo dejamos «guardado» con técnicas de contención, por ejemplo imaginando que lo metemos en un recipiente que solo abriremos en la próxima sesión. Después volvemos a tu lugar de calma o a los recursos que hayas practicado, hasta que te sientas presente y tranquila.

Antes de que te vayas, te explico qué puede pasar en los días siguientes, porque el cerebro suele seguir procesando por su cuenta. Es posible que:

  • Te sientas más cansada esa tarde, como después de un esfuerzo.
  • Tengas sueños más intensos o aparezcan recuerdos que hacía tiempo que no venían.
  • Notes emociones que no esperabas, o, al contrario, una sensación de ligereza.

Todo eso es normal y suele ser señal de que el proceso sigue en marcha. Te sugeriré que anotes lo que notes para traerlo a la siguiente sesión, y que ese día te cuides un poco más: algo tranquilo, un paseo, descansar.

La reevaluación: ver cómo vas

Cada nueva sesión empieza mirando hacia atrás: ¿cómo ha ido la semana?, ¿cómo está el recuerdo que trabajamos?, ¿has notado cambios en tu día a día?

Si el recuerdo sigue tranquilo, avanzamos al siguiente del mapa. Si ha aparecido algo nuevo, lo incorporamos. Y, cuando los recuerdos del pasado ya no pesan, trabajamos las situaciones del presente y ensayamos el futuro: imaginamos cómo te gustaría responder en esas situaciones que antes te desbordaban.

Unas semanas después, Nuria me contó que su pareja había tardado horas en contestar un día de mucho trabajo. «Me di cuenta de que estaba esperando la angustia de siempre, y no llegó. Pensé: estará liado. Y seguí con mi tarde».

Preguntas que suelen surgir

¿Cuánto dura cada sesión? Lo habitual es en torno a una hora. En la primera consulta te explicaré cómo organizamos las sesiones.

¿Cuántas sesiones necesitaré? Depende de tu historia y de lo que quieras trabajar. Un trauma único y reciente puede necesitar relativamente pocas sesiones; un trauma complejo, un proceso más largo. Lo iremos valorando juntas.

¿Tengo que contar todos los detalles de lo que pasó? No. Una de las ventajas del EMDR es que el procesamiento ocurre dentro de ti. Puedes compartir solo lo que necesites.

¿Es para adolescentes también? Sí. El EMDR se adapta muy bien a la adolescencia, con un lenguaje y un ritmo ajustados a cada edad.

¿Y si no siento nada durante la estimulación? También es normal. Cada persona procesa de forma distinta, y a veces los cambios se notan más entre sesiones que durante ellas.

Tu primera sesión, conmigo

Soy Carmen María, psicóloga sanitaria especializada en EMDR y en trauma psicológico. Acompaño a adolescentes y adultos con trauma y trauma complejo, apego ansioso, relaciones tóxicas, ansiedad y duelo, integrando el EMDR con el trabajo corporal y el modelo de partes (IFS).

Sé que dar el primer paso cuesta. Por eso cuido especialmente el comienzo: sin prisas, sin presión y sin tocar nada que no estés preparada para tocar.

Atiendo de forma presencial en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online.

Escríbeme y reserva tu primera sesión. La primera conversación sirve, sobre todo, para conocernos.

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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