Si has llegado hasta aquí, es probable que ya tengas bastante claro que el EMDR podría ayudarte. Has leído qué es, cómo funciona, qué dice la evidencia y qué se siente durante una sesión. Y ahora llega la pregunta práctica: ¿con quién lo hago?
Es una decisión importante. El EMDR es una terapia potente, y como toda herramienta potente, sus resultados dependen mucho de quién la utiliza. A lo largo de este bloque te he insistido en la importancia de la preparación, del ritmo y de evitar la retraumatización, como vimos en ¿Puede el EMDR hacer que me encuentre peor?. Todo eso depende, en gran parte, de la persona que te acompaña.
En este artículo te doy algunas claves para elegir bien, y algunas preguntas que puedes hacer antes de empezar.
En resumen: para elegir terapeuta EMDR, comprueba que sea una psicóloga habilitada para ejercer en el ámbito sanitario, que tenga formación específica en EMDR impartida por formadores acreditados, que se supervise y se mantenga actualizada, y que tenga experiencia con el tipo de problema que te trae. Y, sobre todo, fíjate en cómo te sientes con ella: la alianza terapéutica es uno de los factores que más influyen en que una terapia funcione.
1. Formación acreditada
Primero, que sea una profesional sanitaria
Antes de hablar de EMDR, hay algo básico: el EMDR es una psicoterapia, y en España la psicoterapia para tratar problemas de salud mental debe hacerla una profesional sanitaria. En el caso de la psicología, eso significa una psicóloga con habilitación sanitaria (el Máster en Psicología General Sanitaria) o una especialista en Psicología Clínica, colegiada en su Colegio Oficial de la Psicología.
Puedes comprobarlo preguntando su número de colegiada o consultando el registro de tu colegio profesional.
Después, formación específica en EMDR
El EMDR no se aprende en un curso de fin de semana ni en un vídeo. Requiere una formación específica que incluye teoría, práctica supervisada y trabajo con casos reales.
En España, la formación de referencia es la que avala la Asociación EMDR España, integrada en EMDR Europe. Se organiza en niveles:
- Nivel I: los fundamentos del modelo y el protocolo básico, con práctica entre compañeros.
- Nivel II: profundiza en el protocolo, en casos más complejos y en situaciones clínicas difíciles.
Con estos dos niveles, la profesional completa la formación básica en EMDR. A partir de ahí, puede seguir formándose en áreas específicas (trauma complejo, disociación, infancia, duelo…) y avanzar hacia la acreditación como terapeuta EMDR, que exige además horas de supervisión y práctica clínica documentada.
Desconfía de quien diga que hace EMDR tras un curso breve, online sin práctica, o sin poder decirte dónde y con quién se formó.
2. Supervisión y actualización
La supervisión
Supervisarse significa revisar los propios casos con una profesional más experimentada, normalmente una supervisora o consultora acreditada en EMDR. Es una práctica habitual en psicoterapia y, en EMDR, especialmente importante.
Puede que te parezca que una terapeuta que se supervisa «sabe menos». Es justo al revés. La supervisión es una señal de responsabilidad y humildad profesional: permite contrastar decisiones, detectar puntos ciegos, ajustar el plan de tratamiento en casos complejos y asegurar que se está trabajando con la máxima seguridad. Por supuesto, siempre respetando la confidencialidad: los casos se presentan sin datos que permitan identificar a la persona.
La actualización
La investigación sobre EMDR no se ha detenido. Como vimos en el artículo sobre la evidencia científica, las guías clínicas se actualizan, aparecen nuevos protocolos (para trauma reciente, para duelo, para dolor, para trauma complejo) y se afinan las formas de trabajar con poblaciones concretas, como niños o personas con disociación.
Una buena terapeuta EMDR no se queda en lo que aprendió el primer día. Sigue formándose, lee, asiste a jornadas y congresos, y va incorporando lo nuevo a su práctica.
3. Experiencia clínica
La formación da las bases, pero la experiencia es lo que permite adaptar el protocolo a cada persona. No es lo mismo trabajar un trauma reciente que un trauma complejo, ni acompañar a un adulto que a un adolescente, como te contaba en ¿Quién puede beneficiarse del EMDR?.
Por eso, además de preguntar si una profesional hace EMDR, merece la pena preguntar con qué tipo de casos tiene experiencia. Si lo que te trae es un trauma complejo, una relación de maltrato o un duelo difícil, es importante que la terapeuta conozca bien ese terreno, sepa cuándo ir despacio, cuándo reforzar recursos y cuándo adaptar el orden del trabajo.
También es una buena señal que la terapeuta integre el EMDR con otros enfoques cuando hace falta. El EMDR es el centro de muchos tratamientos, pero no siempre lo es todo, y una profesional con experiencia sabe reconocer cuándo conviene combinarlo con otra cosa, o incluso cuándo otro enfoque es más adecuado para ti.
4. La alianza terapéutica: lo que más importa
Podríamos hablar de técnicas, protocolos y formaciones durante horas. Pero hay algo que la investigación en psicoterapia repite una y otra vez, sea cual sea el enfoque: la calidad de la relación entre la persona y su terapeuta es uno de los factores que más influyen en los resultados. Es lo que llamamos alianza terapéutica.
La alianza tiene tres ingredientes:
- Un vínculo de confianza: sentirte escuchada, respetada y segura.
- Acuerdo en los objetivos: saber hacia dónde vais y que esa dirección sea la tuya.
- Acuerdo en el camino: entender cómo vais a trabajar y estar de acuerdo con ello.
En EMDR, esto es todavía más importante. Vas a acercarte a recuerdos dolorosos, y para hacerlo necesitas sentir que la persona que tienes al lado te sostiene. De hecho, la propia relación terapéutica es, para muchas personas, el primer recurso de seguridad que se instala, antes incluso que el lugar de calma.
Algunas preguntas que puedes hacerte después de las primeras sesiones:
- ¿Me siento cómoda hablando con ella?
- ¿Siento que me escucha sin juzgarme?
- ¿Me explica las cosas de forma que las entiendo?
- ¿Respeta mi ritmo y mis límites?
- ¿Puedo decirle si algo no me ha gustado o no me ha encajado?
Si las respuestas son mayoritariamente sí, vas por buen camino. Si no, está bien decirlo, o buscar a otra persona. Elegir terapeuta también es tu derecho, y una buena profesional lo entenderá.
Preguntas que puedes hacer antes de empezar
No tengas reparo en preguntar. Una buena profesional responderá con naturalidad:
- ¿Eres psicóloga sanitaria? ¿Cuál es tu número de colegiada?
- ¿Dónde te formaste en EMDR? ¿Qué niveles tienes?
- ¿Te supervisas? ¿Con qué frecuencia te formas?
- ¿Tienes experiencia con casos como el mío?
- ¿Cómo sueles trabajar las primeras sesiones? ¿Cuándo empezaríamos a procesar recuerdos?
- ¿Qué pasa si en algún momento me siento desbordada?
Algunas señales de alerta
- Te promete resultados garantizados o en un número fijo de sesiones, antes de conocerte.
- Empieza a procesar recuerdos traumáticos en la primera sesión, sin evaluación ni preparación.
- No puede explicarte su formación o es muy vaga al respecto.
- Te presiona para ir más rápido de lo que puedes sostener.
- No te sientes escuchada, o sientes que tus límites no se respetan.
Cómo trabajo yo
Te cuento cómo cuido yo cada uno de estos aspectos.
Formación. Soy Carmen María, psicóloga sanitaria colegiada, especializada en EMDR y en trauma psicológico. He completado la formación en EMDR de Nivel I y Nivel II, y la complemento con formación en otros enfoques que integro en mi trabajo, como el trabajo corporal y el modelo de partes (IFS).
Actualización continua. Me formo de manera constante, porque el campo del trauma avanza y quiero ofrecer a cada persona lo que hoy sabemos que funciona mejor.
Supervisión. Me superviso periódicamente con profesionales con más experiencia. Es una forma de cuidar la calidad de mi trabajo y, sobre todo, de cuidar a las personas que acompaño.
Preparación de cada sesión. No improviso. Preparo cada sesión de forma específica, teniendo en cuenta tu historia, el punto en el que estás y lo que trabajamos la semana anterior. Cada proceso es único, y cada sesión también.
Experiencia. Acompaño a adolescentes y adultos con trauma y trauma complejo, apego ansioso, relaciones tóxicas, ansiedad y duelo. La adolescencia es una de las etapas a las que dedico especial atención.
La relación, lo primero. Para mí, la alianza terapéutica no es un trámite: es la base de todo. Por eso las primeras sesiones son, sobre todo, para conocernos, y para que tú decidas si te sientes cómoda trabajando conmigo.
Atiendo de forma presencial en el barrio del Zaidín, en Granada, y también online.
Si quieres saber si conectamos, escríbeme. Pregúntame lo que necesites sobre mi formación o mi forma de trabajar. Te responderé con gusto.
¿Quieres dar el primer paso?
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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456