Si has leído los artículos anteriores de esta serie —qué es el trauma, cómo se manifiesta en síntomas, por qué te sientes siempre en alerta y las cinco respuestas del sistema nervioso: lucha, huida, congelación, colapso y sumisión—, seguro que en algún momento te has preguntado algo como: ¿pero por qué unos días puedo con todo y otros me desborda cualquier cosa? La respuesta tiene un nombre muy útil en psicología del trauma: la ventana de tolerancia.
Es, probablemente, uno de los conceptos que más "clic" hace en consulta, porque de golpe explica muchísimas reacciones que antes parecían no tener ninguna lógica.
Qué es la ventana de tolerancia
Imagina una franja, como una banda horizontal. Dentro de esa franja te sientes razonablemente bien: presente, capaz de pensar con claridad, de sentir emociones sin que te desborden, de responder a lo que ocurre en lugar de reaccionar de forma automática. Esa franja es tu ventana de tolerancia: el margen de activación del sistema nervioso dentro del cual puedes funcionar de forma regulada, aunque haya estrés o emociones intensas de por medio.
Cuando algo te saca de esa franja —por arriba o por abajo—, entras en un estado que ya no es de calma regulada, sino de activación extrema. Y aquí es donde conecta directamente con todo lo que hemos visto hasta ahora en esta serie: la lucha y la huida son ejemplos de salir de la ventana "por arriba"; la congelación, el colapso y la sumisión suelen implicar salir "por abajo".
Por arriba: la hiperactivación
Cuando el sistema nervioso se dispara por encima de tu ventana de tolerancia, entras en un estado de hiperactivación. El cuerpo se llena de energía de alerta, el pensamiento se vuelve más rápido pero también más caótico, y es fácil sentirse desbordada, ansiosa o reactiva.
Un ejemplo sencillo: recibes un mensaje de tu pareja con un tono que interpretas como distante, y en cuestión de segundos tu mente empieza a generar catastróficas hipótesis, el corazón se acelera, sientes la necesidad urgente de llamar o escribir varias veces seguidas para obtener una respuesta. Esa reacción tan intensa —que después, con calma, quizás veas desproporcionada— es tu sistema nervioso saliéndose de la ventana por arriba, activando algo parecido a la lucha o la huida que vimos en artículos anteriores.
Por abajo: la hipoactivación
Cuando el sistema nervioso cae por debajo de tu ventana de tolerancia, ocurre justo lo contrario: en lugar de desbordamiento, aparece el apagado. Te sientes desconectada, con poca energía, con dificultad para pensar con claridad o para sentir tanto lo bueno como lo malo. Es el territorio de la congelación y el colapso de los que hablamos en artículos anteriores.
Un ejemplo: después de una discusión especialmente dura, en lugar de sentir rabia o tristeza, te quedas como "en blanco", sin fuerzas ni para llorar, funcionando en piloto automático el resto del día. Eso también es salir de la ventana de tolerancia, aunque en la dirección opuesta a la hiperactivación.
Por qué la ventana de tolerancia varía tanto de una persona a otra
Aquí está una de las claves más importantes: la ventana de tolerancia no es fija ni igual para todo el mundo. Hay personas cuya ventana es amplia, y pueden atravesar situaciones difíciles sin desbordarse con facilidad. Y hay personas cuya ventana es muy estrecha, de modo que estímulos relativamente pequeños —un comentario, un cambio de planes, un silencio— bastan para sacarlas de ella, ya sea hacia arriba o hacia abajo.
Esta amplitud no depende de fuerza de voluntad ni de "saber gestionar mejor las emociones". Depende, en gran medida, de la historia de cada persona: quienes crecieron en entornos estables y predecibles suelen desarrollar una ventana más amplia, mientras que quienes vivieron experiencias traumáticas repetidas —sobre todo en la infancia— suelen tener una ventana mucho más estrecha, porque su sistema nervioso aprendió a activarse con facilidad ante señales de posible peligro. Factores como el descanso, el estrés acumulado, la alimentación o incluso el momento del ciclo hormonal también pueden ampliar o estrechar la ventana de un día para otro.
Por qué este concepto es tan útil en terapia
Entender la ventana de tolerancia cambia por completo la forma de mirar las propias reacciones. En lugar de preguntarte "¿por qué reacciono siempre tan mal?", puedes empezar a preguntarte "¿en qué estado estaba mi sistema nervioso en ese momento, y qué lo sacó de su ventana?". Este pequeño cambio de pregunta quita mucha culpa y abre la puerta a algo mucho más útil: aprender a reconocer las señales de que te estás acercando al límite de tu ventana, antes de salir disparada hacia arriba o hacia abajo.
El trabajo terapéutico con el trauma tiene, entre sus objetivos principales, precisamente este: ampliar la ventana de tolerancia. No se trata de eliminar el estrés o las emociones intensas de la vida —eso no es realista ni deseable—, sino de que el sistema nervioso pueda sostener más activación, o más desactivación, antes de perder la capacidad de pensar con claridad y responder de forma regulada.
En mi trabajo con EMDR, procesar las experiencias que estrecharon la ventana de tolerancia en su momento permite, con el tiempo, que esa franja se vaya ampliando de forma natural. La persona no deja de sentir estrés o emociones fuertes, pero cada vez necesita menos para volver a la calma, y cada vez hace falta más para salir por completo de su margen de regulación.
Si notas que cualquier imprevisto te desborda o te apaga con facilidad, en terapia trabajo con EMDR para ayudarte a ampliar tu ventana de tolerancia y ganar más estabilidad en el día a día. Puedes escribirme desde la página de contacto.
¿Quieres dar el primer paso?
Si te identificas con esto y buscas acompañamiento en tu proceso de cambio, puedes escribirme a través del formulario rápido o por WhatsApp para valorar tu caso y agendar una primera sesión.
¿Quieres conocer los precios? Consulta mis tarifas y bonos de sesiones.
Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456