"No puedo relajarme, aunque no esté pasando nada". "Siempre estoy pendiente de todo, como si algo malo fuera a ocurrir". "Me cuesta bajar la guardia, incluso cuando sé que estoy a salvo". Si te reconoces en frases así, es probable que lleves tiempo viviendo en un estado que tiene nombre: hipervigilancia.
En los artículos anteriores vimos qué es el trauma, cómo se manifiesta en síntomas concretos y cómo el cuerpo guarda memoria de lo vivido. La sensación de alerta constante es, en realidad, uno de los hilos que atraviesa todo lo anterior: es el sistema nervioso en acción, tratando de protegerte. Vamos a ver por qué.
¿Qué es la hipervigilancia?
La hipervigilancia es un estado en el que el sistema nervioso permanece activado de forma continua, como si el peligro pudiera aparecer en cualquier momento, aunque no haya ninguna amenaza real presente. Se traduce en estar pendiente de los detalles, anticipar problemas antes de que ocurran, leer el ambiente y el estado de ánimo de los demás de forma casi automática, sobresaltarte con facilidad, o sentir que "bajar la guardia" es sinónimo de descuido.
No es un rasgo de personalidad ni una forma de ser "muy nerviosa". Es una respuesta de supervivencia que, en algún momento, tuvo mucho sentido.
¿Por qué el sistema nervioso se queda "atascado" en alerta?
Como vimos en el artículo sobre qué ocurre en el cerebro durante el trauma, ante una amenaza el sistema nervioso activa una respuesta automática de defensa. Cuando esa amenaza se repite en el tiempo —una infancia impredecible, una relación en la que nunca sabías qué versión de la otra persona te ibas a encontrar, un entorno donde había que anticiparse para estar a salvo—, el sistema nervioso aprende que estar alerta es lo que te ha mantenido con vida.
El problema es que, una vez aprendida, esa alerta no siempre sabe desconectarse cuando el peligro real ya no está. El sistema nervioso sigue funcionando con la configuración que desarrolló entonces, escaneando el entorno en busca de señales de riesgo aunque hoy, objetivamente, no las haya. Por eso muchas personas describen la sensación de no poder relajarse "ni de vacaciones", o de sentir que algo va a salir mal incluso cuando, en apariencia, todo está bien.
Esto conecta directamente con la idea que vimos al hablar de somatización: esa alerta constante también se aloja en el cuerpo. Hombros tensos, mandíbula apretada, sueño ligero, sensación de tener que estar "un paso por delante" de todo. El cuerpo sostiene la vigilancia aunque la mente ya no recuerde de qué se está protegiendo.
No es lo mismo estar alerta que estar a salvo
Uno de los aprendizajes más importantes en este proceso es distinguir entre sentirse seguro y estar realmente en peligro. Cuando el sistema nervioso lleva mucho tiempo en alerta, esa activación empieza a sentirse "normal", incluso familiar, y en cambio la calma puede llegar a sentirse rara, o directamente incómoda, como si bajar la guardia fuera un riesgo en sí mismo.
Esto explica por qué a veces cuesta más disfrutar de una relación tranquila y estable que de una que genera intensidad constante: el sistema nervioso, acostumbrado a la alerta, puede interpretar la calma como algo sospechoso, "demasiado silencioso", y buscar sin darse cuenta situaciones que le resulten más familiares, aunque no sean las que más convienen.
¿Se puede salir de la hipervigilancia?
Sí, y este es quizá el mensaje más importante. La hipervigilancia no es un defecto que haya que corregir con fuerza de voluntad, ni algo que se resuelve solo "intentando relajarte". Es una respuesta aprendida por el sistema nervioso, y lo que se aprende, con el proceso adecuado, se puede reeducar.
El trabajo terapéutico en estos casos no consiste en convencer a la mente de que ya no hay peligro —eso, como vimos, no basta—, sino en ayudar al sistema nervioso a experimentar, de forma segura y sustained, que efectivamente puede bajar la guardia. Poco a poco, ese estado de alerta permanente puede dejar paso a algo que muchas veces se ha olvidado: la sensación de estar simplemente en calma, sin tener que vigilar nada.
Si sientes que llevas años sin poder bajar la guardia, en terapia trabajo con EMDR para ayudar al sistema nervioso a soltar esa alerta que ya no le hace falta. Puedes escribirme desde la página de contacto.
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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456