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"A veces siento que no soy yo quien está viviendo esto". "Me miro al espejo y por un momento no reconozco mi propia cara". "Es como si hubiera un cristal entre el mundo y yo". Si alguna de estas frases te resulta familiar, este artículo conecta directamente con varios de los que ya hemos visto: la respuesta de colapso o desconexión, la teoría polivagal y la anhedonia. Hoy vamos a profundizar en un fenómeno que suele generar mucho miedo cuando se experimenta por primera vez, y que casi nunca se explica con la claridad que merece: la disociación.

Qué es la disociación

La disociación es un mecanismo de protección por el cual la mente se distancia, de forma parcial o total, de pensamientos, emociones, sensaciones corporales o incluso del sentido de identidad, como forma de amortiguar algo que en su momento resultó demasiado abrumador para procesarse de manera integrada. No es "estar loca" ni perder el contacto con la realidad de forma permanente: es, en esencia, una desconexión protectora, la misma lógica que vimos al hablar de la respuesta de colapso, pero llevada a un nivel más específico y, a menudo, más duradero.

Ya adelantamos esta idea en el artículo sobre el colapso: cuando ni luchar, ni huir, ni congelarse logran resolver una amenaza, el sistema nervioso puede optar por desconectar. La disociación es, en muchos casos, la forma en que esa desconexión se mantiene activa en el tiempo, mucho después de que el peligro original haya desaparecido.

Las formas más habituales de disociación

La disociación no es un fenómeno único: existen distintos niveles y formas, y es importante normalizar que muchas de ellas son mucho más frecuentes de lo que se suele pensar:

Despersonalización: sentir que observas tu propia vida desde fuera, como si fueras espectadora de una película en la que tú eres la protagonista. Puede incluir la sensación de no reconocer tu propio cuerpo, tu voz o tu reflejo en el espejo.

Desrealización: sentir que el entorno no es del todo real, como si hubiera una niebla, un cristal o una distancia entre tú y el mundo que te rodea. Los colores pueden percibirse más apagados, los sonidos más lejanos, todo con una cualidad extraña de "no estar del todo aquí".

Amnesia disociativa o lagunas de memoria: dificultad para recordar periodos de tiempo, conversaciones o incluso trayectos completos, especialmente en momentos de mucho estrés, sin que exista una causa médica que lo explique.

Disociación emocional: notar un cuerpo que reacciona —lágrimas, tensión— sin que exista una sensación emocional clara asociada, como si el cuerpo y la emoción fueran por caminos separados. Aquí conecta directamente con lo que vimos al hablar de la anhedonia: esa sensación de vivir la vida "amortiguada", como detrás de un cristal.

La mayoría de las personas han experimentado alguna forma leve de disociación en algún momento —ese "quedarse en las nubes" mientras se conduce un trayecto conocido, por ejemplo—. La diferencia está en la frecuencia, la intensidad y el impacto que tiene en el día a día.

Por qué aparece: una protección, no un fallo

Como venimos repitiendo a lo largo de toda esta serie, la disociación no es un fallo del sistema, sino uno de sus recursos más sofisticados. Cuando una experiencia es demasiado intensa, demasiado prolongada, o ocurre en una etapa —como la infancia— en la que no existían los recursos para procesarla de otra manera, disociarse permite seguir funcionando: ir al colegio, mantener rutinas, sobrevivir al día a día, aunque sea a costa de desconectar de una parte del propio sufrimiento.

Esto es especialmente frecuente en historias de trauma complejo, donde la disociación no responde a un episodio puntual, sino a una exposición repetida y prolongada a situaciones que superaban la capacidad de procesamiento del momento. Con el tiempo, ese recurso, que en su día fue un salvavidas, puede quedarse instalado como una forma habitual de relacionarse con las propias emociones y con la propia vida, incluso mucho después de que el peligro haya desaparecido.

Por qué da tanto miedo cuando aparece

Uno de los aspectos más difíciles de la disociación es lo desconcertante que resulta vivirla sin entenderla. Sentir que no reconoces tu propio reflejo, o que no recuerdas cómo has llegado a un sitio, puede generar un miedo intenso a "estar perdiendo la cabeza". Quiero ser clara en esto: experimentar disociación no significa que algo esté fundamentalmente mal en ti, ni es, en la inmensa mayoría de los casos, señal de una enfermedad grave. Es una respuesta protectora del sistema nervioso, con una lógica y un origen que se pueden entender y trabajar.

Qué hacer cuando notas que estás disociando

Cuando un episodio de disociación está ocurriendo, el objetivo es ayudar al sistema nervioso a recuperar el contacto con el aquí y ahora. Algunos recursos que suelen funcionar:

Nombra lo que está pasando. Decirte, mentalmente o en voz alta, "esto es disociación, es mi sistema nervioso protegiéndose, va a pasar" ayuda a reducir el miedo asociado y a que el episodio no se intensifique todavía más por el propio susto.

Usa los sentidos para anclarte al presente. Nombra en voz alta cinco cosas que puedes ver, cuatro que puedes oír y tres que puedes tocar a tu alrededor. Sostener un objeto con una textura marcada —una piedra, un tejido rugoso— y describírtela con detalle también ayuda a traer la atención de vuelta al cuerpo y al entorno.

Presiona los pies contra el suelo. Notar el contacto firme y sostenido de los pies con el suelo, empujando ligeramente hacia abajo, envía al sistema nervioso una señal clara de que el cuerpo está aquí, sostenido, en un lugar concreto.

Di en voz alta datos de orientación. Tu nombre, la fecha, dónde estás y qué estás haciendo. Puede sonar muy simple, pero ayuda a que la mente vuelva a anclarse en el momento presente en lugar de quedarse "fuera".

Muévete con suavidad. Estirar los brazos, cambiar de postura, caminar unos pasos o frotarte las manos ayuda a reactivar la conexión con el cuerpo, que suele ser justo lo que se desconecta durante un episodio disociativo.

Busca compañía si es posible. Como vimos al hablar de la co-regulación, la presencia calmada de otra persona —hablar con ella de algo cotidiano, escuchar su voz— puede ayudar al sistema nervioso a recuperar la sensación de estar en el presente con más facilidad que si intentas salir del episodio completamente sola.

Si notas que los episodios de disociación son frecuentes, duran mucho tiempo, o interfieren de forma importante en tu día a día —olvidos relevantes, dificultad para mantenerte segura en algunas situaciones—, es importante que lo compartas con un profesional de la salud mental, ya que en esos casos conviene un acompañamiento específico y no solo herramientas de manejo puntual.

Cómo se trabaja la disociación en terapia

El trabajo con la disociación requiere, más que con ninguna otra de las respuestas que hemos visto en esta serie, un ritmo cuidadoso y una base sólida de estabilización antes de abordar directamente las memorias traumáticas. No tendría sentido —y podría resultar contraproducente— procesar experiencias muy intensas sin que la persona cuente antes con recursos suficientes para permanecer conectada con el presente durante ese proceso.

Por eso, en mi trabajo con EMDR, cuando existe disociación, dedicamos tiempo a construir primero herramientas de anclaje y estabilización —recursos que ayuden a la persona a sentirse presente y a salvo—, y solo después avanzamos hacia el procesamiento de las experiencias que dieron origen a esa desconexión, siempre respetando la capacidad de cada sistema nervioso en cada momento. Con el tiempo, este proceso permite que la desconexión, que en su día fue necesaria para sobrevivir, deje paso, poco a poco, a la posibilidad de habitar la propia vida de forma más presente y conectada.


Si te reconoces en esa sensación de vivir tu vida como si fueras espectadora, en terapia trabajo con EMDR, con el ritmo y la estabilización que este proceso necesita, para ayudarte a reconectar contigo misma de forma segura. ponerte en contacto conmigo

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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