Si has seguido esta serie, ya tienes las piezas para entender algo que suena bastante técnico pero que, en el fondo, es muy intuitivo: las cinco respuestas del sistema nervioso y la ventana de tolerancia. Hoy vamos a ponerle un marco a todo eso, porque existe una teoría que explica por qué el sistema nervioso se mueve entre esos estados de la forma en que lo hace: la teoría polivagal, desarrollada por el investigador Stephen Porges.
No hace falta ningún conocimiento previo de neurociencia para entenderla. De hecho, cuando la explico en consulta, suele ser uno de los momentos en los que más se ilumina la cara de la persona que tengo delante, porque por fin le pone lógica a reacciones que llevaba años viviendo como algo "raro" o "excesivo".
La idea central: tu sistema nervioso tiene tres "modos"
La teoría polivagal propone que el sistema nervioso autónomo —esa parte de ti que regula cosas como el ritmo cardíaco o la respiración sin que tengas que pensarlo— no funciona como un simple interruptor de encendido y apagado, sino que se mueve entre tres estados principales, de forma jerárquica: primero intenta uno, y si no funciona, pasa al siguiente.
1. Estado de seguridad y conexión (ventral vagal). Es el estado en el que puedes pensar con claridad, conectar con otras personas, sentir curiosidad, jugar, tener una conversación de verdad. El cuerpo está tranquilo, la respiración es profunda, el rostro se relaja lo suficiente como para transmitir calma a quien tienes delante. Es el estado que corresponde a estar dentro de tu ventana de tolerancia.
2. Estado de movilización (simpático). Cuando el sistema nervioso detecta una posible amenaza, activa este segundo estado: sube la energía, se acelera el corazón, el cuerpo se prepara para actuar. Es el territorio de la lucha y la huida que vimos en artículos anteriores: útil para responder a un peligro real, pero agotador si se activa constantemente sin necesidad.
3. Estado de apagado (dorsal vagal). Cuando ni la conexión ni la movilización logran resolver la amenaza —cuando esta es demasiado intensa o prolongada—, el sistema nervioso recurre a su recurso más antiguo: reducir al mínimo la actividad del cuerpo. Es el territorio de la congelación y el colapso: desconexión, apagado emocional, sensación de estar "fuera".
Un ejemplo para verlo con claridad
Imagina que estás en una reunión de trabajo y tu jefe hace un comentario crítico sobre algo que has hecho. Si en ese momento estás en estado ventral vagal —conectada, regulada—, es probable que puedas escuchar la crítica, valorarla con cierta objetividad y responder de forma serena, aunque no te resulte agradable.
Si, en cambio, ese comentario activa tu sistema simpático, puede que sientas el impulso de defenderte con vehemencia, de justificarte de forma acelerada, o que salgas de la reunión con el corazón acelerado y ganas de discutir. Y si lo que se activa es el estado dorsal vagal, puede que te quedes en blanco, que no encuentres palabras, o que sientas una desconexión repentina, como si la escena pasara "a cámara lenta" y tú no estuvieras del todo presente en ella.
Es la misma situación externa. Lo que cambia es en qué estado se encontraba tu sistema nervioso en el momento de recibirla, y eso —no tu carácter ni tu "capacidad de gestión emocional"— es lo que determina la reacción.
Neurocepción: por qué el cuerpo decide antes que la mente
Uno de los conceptos más útiles de la teoría polivagal es la neurocepción: el proceso, completamente inconsciente, por el cual tu sistema nervioso evalúa constantemente el entorno en busca de señales de seguridad o de peligro, mucho antes de que puedas pensar racionalmente sobre lo que está pasando. Un tono de voz, una expresión facial, incluso la postura de alguien pueden disparar una neurocepción de peligro, activando el estado simpático o dorsal vagal sin que hayas "decidido" nada conscientemente.
Esto explica algo que ya vimos al hablar de por qué el trauma puede aparecer años después: la neurocepción no distingue bien entre "esto se parece a algo peligroso de mi pasado" y "esto es peligroso ahora mismo". Reacciona con la misma intensidad, aunque el contexto actual sea completamente distinto.
Por qué esta teoría es tan útil en terapia
Entender estos tres estados cambia por completo la forma de acercarse al malestar emocional. En lugar de intentar "convencer" a la mente racional de que todo está bien —algo que, como hemos visto en artículos anteriores, casi nunca funciona cuando el sistema nervioso está desregulado—, el trabajo terapéutico informado por la teoría polivagal se centra en ayudar al cuerpo a encontrar, de nuevo, el camino de vuelta al estado ventral vagal: el de seguridad y conexión.
En mi trabajo con EMDR, esto se traduce en dos niveles que van de la mano: por un lado, procesar las memorias que enseñaron al sistema nervioso a percibir peligro donde hoy ya no lo hay; por otro, ayudar a fortalecer la capacidad del cuerpo para regresar al estado ventral con más facilidad y rapidez cada vez, ampliando así, poco a poco, esa ventana de tolerancia de la que hablamos en el artículo anterior.
Si notas que tu cuerpo reacciona antes de que tu mente pueda intervenir, en terapia trabajo con EMDR desde un enfoque que tiene muy en cuenta cómo funciona tu sistema nervioso, para ayudarte a encontrar el camino de vuelta a la calma. Puedes escribirme desde la página de contacto.
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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456