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En el artículo sobre qué estilos de apego existen dejamos apuntado el apego desorganizado como el más complejo de los cuatro, y ya hemos visto en detalle el apego ansioso y el apego evitativo. Toca ahora el que combina, de alguna manera, la lógica de los dos anteriores: qué es, de dónde viene, cómo se vive en las relaciones y qué se puede hacer para sanarlo.

¿Qué es el apego desorganizado?

El apego desorganizado nace de una contradicción muy difícil de sostener: la misma persona de la que dependías para sentirte a salvo era, a la vez, una fuente de miedo. A diferencia del apego ansioso —donde la cercanía es deseada pero la certeza falla— o del evitativo —donde la cercanía se evita porque no resultó fiable—, aquí conviven dos impulsos que no pueden convivir bien al mismo tiempo: acercarse para calmar el miedo, y alejarse porque quien debería calmarlo es, precisamente, quien lo provoca.

Esto hace que las personas con apego desorganizado no tengan una estrategia fija ante la cercanía, como sí ocurre en los otros estilos. En su lugar, oscilan: a veces buscan la conexión con intensidad, a veces la rechazan de golpe, a veces hacen ambas cosas casi a la vez, sin que ni siquiera ellas mismas entiendan muy bien por qué. Esta falta de un patrón único y predecible es, precisamente, lo que le da nombre a este estilo.

¿Cómo se forma el apego desorganizado?

Como vimos al hablar de cómo se forma el apego en la infancia, el apego desorganizado suele tener su origen en experiencias de crianza donde la figura de cuidado fue, en algún grado, atemorizante, impredecible o directamente dañina: maltrato, negligencia severa, una figura con un temperamento explosivo, o un entorno marcado por el trauma complejo, del que hablamos en comprender el trauma.

Para un niño pequeño, esta situación no tiene salida posible: no puede huir de quien depende para sobrevivir, ni tampoco puede dejar de buscar su consuelo cuando algo le asusta, aunque esa misma persona sea la fuente del susto. El sistema nervioso queda, literalmente, sin una estrategia coherente que aplicar, porque la única figura disponible para calmar el peligro es también la que lo genera. De ahí que, de adultas, muchas personas con este estilo sientan que "no saben" si acercarse o alejarse: aprendieron, desde muy pronto, que ninguna de las dos opciones era del todo segura.

Cómo se refleja en la pareja y en las relaciones cercanas

En una relación, el apego desorganizado puede generar una montaña rusa que resulta agotadora tanto para quien la vive como para quien la acompaña. Es habitual desear muchísimo la cercanía de la pareja y, en cuanto esa cercanía llega, sentir la necesidad de huir o de provocar una distancia repentina. También puede aparecer una alternancia entre pedir mucha reafirmación —como en el apego ansioso— y, poco después, cerrarse por completo y necesitar aislarse —como en el evitativo—, a veces en cuestión de horas o incluso dentro de la misma conversación.

Un ejemplo: después de una muestra de cariño especialmente intensa de su pareja, una persona con apego desorganizado puede sentir, de forma casi simultánea, ganas de fundirse en ese momento y una necesidad urgente de poner distancia, como si esa misma cercanía activara una alarma antigua. Puede reaccionar apartándose bruscamente, buscando una discusión sin motivo aparente, o desconectando emocionalmente de golpe. Quien está al otro lado suele sentirse confundido, porque no hay una lógica constante a la que adaptarse: lo que ayer generaba calma, hoy puede generar rechazo.

Por qué también se le llama apego "miedoso-evitativo"

Como comentamos en el artículo sobre los estilos de apego, el apego desorganizado también se conoce como apego "miedoso-evitativo", porque combina el miedo al abandono propio del apego ansioso con la desconfianza y la necesidad de distancia del evitativo. No es una quinta categoría distinta: es, en esencia, ambas inseguridades sostenidas a la vez, con el añadido del miedo como elemento central. Esto explica por qué, muchas veces, las personas con este estilo se reconocen parcialmente en los dos artículos anteriores de esta serie, sin encajar del todo en ninguno de los dos por separado.

Cómo puede ayudar la terapia

El apego desorganizado suele estar muy ligado a experiencias de trauma, por lo que el trabajo terapéutico requiere, casi siempre, ir despacio y con mucho cuidado en la construcción de la seguridad dentro de la propia terapia. El EMDR es especialmente útil para procesar los recuerdos concretos en los que se formó esa asociación entre cuidado y miedo, permitiendo que dejen de activarse con la misma intensidad en el presente. El trabajo somático ayuda a que el cuerpo distinga, poco a poco, entre el peligro de entonces y la seguridad relativa de ahora, algo relacionado con ampliar la ventana de tolerancia. Y en los casos donde aparece desconexión o sensación de estar "fuera" de una misma en los momentos de más activación, resulta relevante también el trabajo sobre la disociación, muy presente en historias de apego desorganizado.

Con IFS, se trabaja con las distintas partes que oscilan entre buscar cercanía y huir de ella, ayudando a que dejen de estar en conflicto constante y puedan, poco a poco, confiar en que hay una forma más estable de relacionarse. Este proceso suele llevar más tiempo que en otros estilos de apego, precisamente porque parte de una contradicción más profunda, pero es un proceso real y posible.

El mensaje con el que quiero que te quedes

Si te has reconocido en el apego desorganizado, quiero que sepas que esa sensación de "no saber si acercarte o alejarte" no es un fallo tuyo ni una forma de ser caótica: es la huella de haber aprendido, en un contexto muy difícil, que ni la cercanía ni la distancia eran del todo seguras. Con el tiempo y el acompañamiento adecuado, es posible construir una tercera opción que en su momento no existía: relaciones donde no haga falta elegir entre estar cerca y estar a salvo.


Si te reconoces en el apego desorganizado y notas que tus relaciones se mueven entre extremos que no sabes controlar, en terapia te puedo ayudar a trabajarlo con EMDR, terapia somática y un acompañamiento respetuoso con tu ritmo. Puedes escribirme desde la página de contacto.

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Carmen María Martín Fuentes
Colegiada AO13008 | Centro Sanitario NICA 69456

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